El Lugar del Analista

octubre 26, 2008 at 3:08 am Deja un comentario

Por Rosana Sapia

El pilar del Método Psicoanalítico, es ser capaces de escuchar lo obvio, invisible para la mayoría, esa escucha particular nos permite abordar al sujeto y nos garantiza encontrarnos con el inconsciente que se manifiesta en el traspié, lapsus, chiste, por tal motivo no hay que decirle al paciente de que tiene que hablar, puede hablar de lo que quiera , dejarlo hablar libremente.

Está claro, que el paciente necesita que lo escuchen, y así se hace notar a lo largo de las entrevistas, donde  espontáneamente expresa sus pensamientos, a esto Freud lo llamó La Regla fundamental del Psicoanálisis: la Regla de la Asociación Libre, en la cual el paciente debe expresar todo lo que viene a su mente, sin discriminarlo, uno asocia según un deseo del que uno no sabe, y en algún momento algo va a surgir para ser escuchado, porque se supone que el inconsciente va a aparecer en los márgenes, es decir en lo nimio, esto mismo expresa Lacan acerca de la función del analista, en donde dice que es causa del inconsciente, porque debe hacer hablar al analizante, dejarlo hablar para que afloren todos los pensamientos, aún aquellos de los que nada quiere saber, es decir combatir la represión, es por ello que es tan importante la manera en que el analista debe escuchar al paciente, que no puede ser otra que: “en Atención Flotante“.

Por eso, lo escencial es dejar hablar al paciente, sin que haya un punto de partida pre-establecido y todo esto se hace posible gracias a un buen raport.

Esto coincide con los comentarios de Luis Hornstein acerca de las primeras entrevistas, donde para él es muy importante vislumbrar una potencialidad del trabajo entre el paciente y el analista, de ahí parte todo, establecer un raport en regla, para crear una transferencia tierna, que permita motorizar el análisis.

En el paciente uno puede vislumbrar un deseo de curación detrás de su demanda a través de diversas quejas, como el de tener mil problemas, sentir que no está bien, querer cortar con su casa, mudarse, y de haber visto otros doctores, pero aquí hay que tener mucho cuidado con el lugar que el paciente le otorga al analista, al que Lacan denomina el de Sujeto Supuesto Saber y que el analista no se lo crea, él no tiene que educar, ni adoctrinar, tampoco es el profeta del paciente, ésta es la Abstinencia del analista, que el paciente no nos encuentre allí donde nos viene a buscar para satisfacer sus pulsiones, sólo hay que dar importancia al discurso, éste principio de abstinencia, sólo se entiende en función de la transferencia, el analista tiene que saber manejarla y no quedar identificado en el lugar que le es asignado por el paciente, esto no niega que a veces haya que realizar cierto juego de movimiento de cintura con respecto a la abstinencia, para que la función del terapeuta tenga eficacia.

Tal vez sería más sencillo ceder a la demanda y decirle: mudate, viví solo, tus padres te están anulando, no sientas culpa que yo te voy a ayudar, ahí caería el principio de abstinencia, y actuaría como un “pastor” que tiene el saber último, dándole la respuesta esperada al otro sobre algo que ignora, la diferencia es que el psicoanalista está advertido, que no sabe todo.

Esta abstinencia es consecuencia de su neutralidad, que no le permite abrir juicios de valor, ya sea morales, religiosos, etc., sobre su paciente.

Esta idea de neutralidad, Freud la expresa con más claridad en “Los caminos de la terapia psicoanalítica”, donde dice: “Por nuestra parte, rehusamos decididamente, adueñarnos del paciente que se pone en nuestras manos y estructurar su destino, imponerle nuestros ideales y formarle, con orgullo creador, a nuestra imagen y semejanza”.[1]

Un buen analista que se precie, tiene que ser neutral, en referencia a estas cuestiones, por lo tanto no esgrimir ningún juicio valorativo al respecto.

Estas entrevistas que se le hacen al paciente, Piera Aulagnier las llama, entrevistas preliminares y Freud, períodos de ensayo, antes de empezar la cura, para luego realizar los movimientos de apertura, donde se establecen la frecuencia de la sesiones, la fijación de los honorarios, etc..

“El  Encuadre”, que es el modo de hacer posible la situación, es producto de la teoría, que enmarca a ambos, para crear condiciones  favorables, y de este modo permitir que se establezca esta comunicación de inconsciente a inconsciente, como fundamentación clínica, después de la escucha de dichas entrevistas.

Las entrevistas sirven además para un acercamiento de ambas partes, para un conocimiento mutuo, ya que tanto el paciente como el analista, tienen derecho a saber si quieren emprender juntos ese camino, sobretodo, si va a poder soportar el lugar transferencial, al que el paciente lo va a convocar, y no realizar un diagnóstico apresurado, que lo etiquete de por vida, pero ¿Qué es hacer un Diagnóstico en Psicoanálisis?

Es saber la estructura del sujeto para poder realizar el abordaje y la intervención correcta.

El diagnóstico, nos pone en condiciones de ubicar un cierto orden clasificatorio, pero además importa, porque no es solamente ubicar ese particular en una categoría universal, sino ubicar lo singular del caso, la singularidad, la historia psíquica, como esta armada, para poder intervenir.

Esto me permitió comprender, que no voy a tener ante mi, un objeto de estudio simple, que por ciertas respuestas dadas va a encajar según sus características en una determinada teoría y listo, aquí lo importante es la singularidad del sujeto, su contexto, si detrás de él hay una familia que acompañe, que contenga, su estilo de vida.

Como dice Piera Aulagnier: “el analista deberá hacer un autodiagnóstico sobre su capacidad para investir y de preservar una relación transferencial no con un neurótico, psicótico, etc., sino con lo que está más allá del síntoma, acerca de la singularidad del sujeto”[2]

Una práctica sostenida en las normas, en las reglas hace eclipsar la dimensión del sujeto.

Desde éste lugar, estoy segura que el Psicoanálisis se inscribe en un paradigma de complejidad,  como afirma L. Hornstein.

En cualquier disciplina, el objeto se construye y la teoría va a dar cuenta de ese objeto, y el método que es el camino a seguir sólo será útil si responde a la misma lógica del objeto.

Es así que además de inscribirse en un paradigma de complejidad, el Psicoanálisis es un paradigma “indiciario”, que utiliza el pensamiento “abductivo”, para generar pensamiento nuevo, sigue esos indicios, esas huellas que perduran y que esperan ser leídas, quien pueda encontrar la lógica, es porque tiene una lógica afin.

Si bien en algún momento, el paciente nos pone como objeto que completa todo, que todo lo sabe, el analista tiene que entender que en realidad no lo es, no somos completos ni completamos a nadie, de eso se trata, de la “castración”, de la “falta”, necesaria para que el deseo siempre esté, circule.

Lacan diría: “¿Ha actuado usted en conformidad con el deseo que lo habita?.[3]

En algún momento, el psicólogo deja de ser ese objeto completo para el paciente, hay disolución de la transferencia, porque se termina la “ilusión”.

Esta fantasía culmina porque el analista no la sigue sosteniendo, ya que no es un predicador que promete solucionar los problemas del paciente, sino que lo acompaña en un recorrido, en el cual necesita salir de este estado de completud, necesita perder algo para la constitución de su subjetividad.

La verdad se va a construir en el análisis y es el análisis el que permite escribir una historia nueva, diferente a la anterior, es decir que hay una reconstrucción de esa verdad histórica, donde el analista es el intérprete, que tiene que mostrar la verdad del discurso.

La cura analítica lejos de buscar normativizar al sujeto según algún ideal moral implicará el pasaje por la castración y la lógica del no-todo.[4]

Es por ello que el trabajo de analista no termina, siempre hay que seguir perfeccionándose, intercambiando opiniones con otros colegas, analizarse y recurrir a la supervisión.

Pero sobre todas las cosas hay que tener como algo esencial  a “La Palabra”, dejar hablar al paciente y escuchar, que éste vínculo que se establece entre ambos se maneje con la “Verdad”, eso es lo que Freud produjo, un saber nuevo sobre el sujeto, el retorno a la verdad, lo que Lacan llamó el “Sujeto del Inconsciente”.

Ser psicoanalista es estar en una posición responsable, la más responsable de todas, en tanto él es aquel, a quien es confiada la operación de una conversión ética radical, aquella que introduce al sujeto en el orden del deseo. Jacques Lacan, 1965


[1] Freud, S.: “Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica” (1919), OC, Vol. XVIII, Bs. As., BE, 1997, trad. LLB, pág .2460.

[2] Aulagnier, P.: “Las entrevistas preliminares y los movimientos de apertura”, cap. 3, en “El aprendiz de historiador y el maestro brujo“, CEP, pág. 170/171.

[3] Lacan, J.: “Las paradojas de la ética”. en Seminario 7: La Etica del Psicoanálisis, Bs. As. Editorial Paidos, 1992  pág. 373.

[4] Salomone, G., Domínguez, M.: “La singularidad en los códigos de Etica”, en Cínica y Deontología, Bs. As.,  Ediciones Letra Viva, 2006, pág. 75.

Entry filed under: Uncategorized. Tags: , , , , , , , , , , .

Cuando el arte ayuda a mitigar el dolor Misterios del Cerebro

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Trackback this post  |  Subscribe to the comments via RSS Feed


"A veces un cigarro es solamente un cigarro."

Sigmund Freud

cartel
octubre 2008
D L M X J V S
    Nov »
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031  

Categorías

Mapa

Estadísticas del Blog

  • 44,845 visitas

A %d blogueros les gusta esto: