Maltrato Institucional

octubre 16, 2008 at 5:34 am Deja un comentario

Por Rosana Sapia

INTRODUCCIÓN

 El tema que abordaré en el presente escrito, será el de “Intervenciones clínicas en las Instituciones”, tomando como referencia , una viñeta acerca de un “caso de maltrato institucional”.

Este material me impactó profundamente, debido a que hace tiempo atrás atravesé una situación de internación de un familiar cercano, hecho que motivó mi permanencia dentro del hospital durante largas horas del día y de la noche. Esto posibilitó que observara de cerca el trato hacia los enfermos, en su mayoría, “adultos mayores”, por parte de los profesionales de la salud, de sus familiares, como así también los temores, angustias y la soledad experimentada por los pacientes.  Al leer la viñeta, algunos pasajes de la misma, resonaron en mi cabeza y me movilizaron, motivo suficiente para cuestionarme sobre ciertos aspectos, como por ejemplo: ¿Se toma en cuenta la singularidad del paciente?, ¿En qué posición queda el sujeto dentro de la institución?, ¿En nombre de qué “poder” se acciona sobre el individuo?

Todos estos interrogantes, trataré de articularlos con el caso y desde la bibliografía  que considere pertinente para el tema.

 

 

DESARROLLO

 

Lamentablemente en nuestros días, en ésta “Post-Modernidad” que nos atraviesa, con procesos como el de globalización, que insisten en homogeneizar, produciendo desidentificaciones culturales y llevando a la oscuridad del olvido a todos aquellos que no sirven a los intereses de los poderosos, nos encontramos con sujetos que quedan en ultimo lugar, y esto lo vemos diariamente con los ancianos, con los pobres, con los marginados, con los “locos”, con la cultura “Toba”, totalmente abandonados a su suerte, con un Estado consumista e inmutable que mira hacia otro lado, en donde la “Salud”, como prioridad está totalmente devaluada.

Pablo, el protagonista de ésta historia, está incluído dentro de ésta lista de “prescindibles”, y en nombre de la “orden médica”, de sus normas, de lo que se debe hacer, y recurriendo a la Justicia, se lo declara apresuradamente culpable, por posible filicida, se lo encierra sin mediar palabra, sin dar lugar a la simbolización, se lo etiqueta como “peligroso” y se lo medica fuertemente, esto me recuerda a las palabras de Ulloa cuando dice: “El encierro comienza por ser diagnóstico y pronóstico y termina manicomial”[1], aquí comienza el “maltrato”, el sujeto se desvanece, por lo tanto es necesario cuidarlo y Pablo se deja, ya que es un objeto que debe ser “cuidado”, al decir de Gallende, se produce una transferencia a la institución por parte del individuo, buscando repetir el vínculo simbiótico materno para mantener ese lugar de sometimiento, sostenido a lo largo de su vida , con un padre ausente, una madre devoradora, un hermano abusador, un jefe que lo maltrata, un compañero de trabajo que lo amenaza y ahora el hospital, todo esto se traduce en el cuerpo, en su alopecia, en su voz monótona y baja, pero como la institución no interroga, de esto nada sabe, por lo tanto actúa desde un “saber”, que es su “poder”, y Pablo pasa a ser uno más entre tantos, donde la homogeneidad borra la subjetividad.

Siempre es más de lo mismo, hasta que  aparece en escena el equipo de Salud Mental, que decide cortar con éste tipo de intervención de orden médica y realizar un pasaje hacia una no-intervención, que implica trabajar con otra mirada, desde una formación analítica, rescatando la singularidad, devolviendo la palabra, como diría Barenblit,  desde un enfoque interdisciplinario, que a mi modo de ver aquí ocurre, ya que trabajan en “equipo”, con resonancia íntima, que permite el decir del otro, actuando como un tercero de apelación en ésta encerrona trágica y se puede constatar en la lectura , en una línea donde expresan: “sin embargo, decidimos imponer una pausa, no responder automáticamente a ésta demanda con más de lo mismo”. Y se evalúa en el equipo los pasos a seguir.[2]

Lo que se intenta es correrlo de lugar de objeto sometido, hacia una posición más subjetiva, y esto es posible a partir de que Pablo realiza la pregunta indicada, ¿Quiero saber que me pasó?, esto indica que quiere ser escuchado, que quiere hablar, su palabra tiene valor.

Este equipo de trabajo se corrió de la serie psíquica de sometedores, a la que Pablo estaba acostumbrado y le abrió otra puerta, la de la singularidad, la de ser artífice de su propia historia.

 

CONCLUSIÓN

 

Me gustaría concluir, con los interrogantes planteados en la introducción, resumiéndolos en la siguiente frase: el sujeto, la mayoría de las veces queda en posición de objeto dentro de una institución, en nombre de éste poder que es el “Saber Profesional”, donde la singularidad del individuo no es tomada en cuenta” y esto lo observé personalmente en ese hospital que mencioné al comienzo cuando me tocó convivir con muchos “Pablos” que no eran escuchados por el simple hecho de ser rotulados como “Pacientes Psiquiátricos”,  justamente lo que Ulloa denomina: síndrome de violentación institucional, que da lugar a un “des-trato” y a un abuso de poder. Por supuesto, que también hay excepciones dentro de los profesionales, ya sean médicos, psiquiatras, etc., que consideran al sujeto como una unidad, y no como algo que puede ser fragmentado para su estudio.

Desde aquella lejana batalla de los “curanderos de almas”, de la década del ’20 hasta nuestros días, han pasado más de 80 años y todavía se observa dentro de las instituciones, una lucha de poderes entre la Medicina y la Psicología, cuando lo ideal sería declinar ciertos “egos” y aunar conocimientos, en beneficio del paciente,  que requiere de ambos.

 

Para finalizar quiero citar unas palabras de José Zuberman:[3] 

Un analista no se define por una técnica sino por poder ocupar un lugar que permite interrogar el saber del Otro, causando su palabra. Analistas son quienes pueden sostener esa interrogación, aquí y allá.

 


[1] Ulloa, F.:”La difícil relación del psicoanálisis con la no menos difícil circunstancia de la salud mental (1997), cap. V, en  “Novela Clínica Psicoanalítica”, historial de una práctica, Bs. As., Ed. Paidós, Pág.242

[2] Ref. “Viñeta“, pág. 1

[3] Zuberman, J.: “Psicoanálisis y hospital. S/e. 2002. Pág. 10

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